Por Antonio Valencia, marino Mercante y Oficial de La Reserva Naval de la Armada, emérito.
«Al este de Java» (1969)

Empecemos desde el principio. El título es en sí mismo un grave error, como para poner orejas de burro y mandar al rincón de los ignorantes, a quien lo escribió. La isla de Krakatoa, personaje central del argumento de este film, está situada al WNW (oeste-noroeste) de la isla de Java, en la Indonesia. Lo que quiere decir que su posición geográfica está en una demora cercana al 292,5 º verdadero. En un momento dado de la acción, cuando la explosión del volcán es inminente, el buque “Batavia Queen” arrumba hacia mar abierto, metiéndose en una zona más estrecha que el tamaño del garaje de un pitufo. Es cierto que hay que dar un poco de suspense, pero si el Capitán se mete para escapar por un paso desconocido, de noche, cayendo unos pedazos de pedruscos (de cartón piedra, pero eso no lo sabe él) es para retirarle el mando y ponerlo junto con el del título a escribir cinco mil veces la palabra “solípedo”. Para terminar, cuando el capitán ve que ya están libres del peligro del volcán, manda poner rumbo a Java, y muy ufano, le dice al timonel: «arrumbar al 665, rumbo a Java» Como hemos visto al principio, Java está en una posición al este-sureste (ESE) de Krakatoa, y, por otra parte, el círculo de rumbos, únicamente puede tener 360º, no 665. Suena más a que el error de bulto en la situación geográfica se repite al querer dar la orden del 066, 5º, que tampoco le hubiese llevado a Java. Nuestro Capitán de celuloide se ha ganado a pulso ser enviado a dique seco. En realidad, debería haber ordenado el rumbo 112º, o similar, para acercarse a la costa javanesa.
«Titanic» (1999)

El personaje Jack (Leonardo Di Caprio) dice haber patinado y pescado en el lago artificial Wissota, un lago que fue creado en el año 1917, ¡cinco años después del hundimiento del famoso buque! Cuando Jack va a dibujar a Rose, le da una pieza que lleva el perfil de Franklin Delano Roosevelt, que fue presidente de USA entre 1933 y 1945. En la época del Titanic, el presidente era William Howard Taft, y en el periodo entre 1901 a 1909, fue un primo de bandurria del tal Roosevelt llamado Theodore. En cualquier caso, el perfil que aparece en la pieza debió ser de uno de estos dos, y no del presidente que llevó a Norteamérica a entrar en la Segunda Guerra Mundial. En la famosa escena en la que Jack cede el sitio a Rose sacrificando su vida al morir por hipotermia en el agua, el material flotante en el que se encuentra es suficientemente amplio como para soportar a dos personas sin hundirse. Cualquier profesional del mar sabe medir el espacio, y lo menos que se le ocurriría es llamar gilipuertas al personaje. Según su director Jack tenía que morir como fuese. Por cierto, la señorita Rose debió ser una persona con equipo de calefacción interno muy eficiente, si hacemos caso a la vaporosa escena del automóvil. En las navegaciones trasatlánticas se navega en lo que los marinos denominamos ortodrómicas, por la sencilla razón de que constituyen la distancia menor entre dos puntos en la esfera terrestre. Razón por la que los buques entraban en zona de hielos flotantes cuyas aguas son muy frías, tanto que nuestros personajes durarían vivos unos minutillos de nada. Eso de andar nadando un rato, de ir vestidos casi sin prendas de abrigo es cosa de película. Un cuarto de hora en esas aguas significa la muerte segura y quedar mojado, aunque luego salgas de remojo, para soportar las bajas temperaturas del aire, daría el mismo resultado. Una de las escenas más románticas de la película es la de Jack y Rose haciendo de mascarón de proa cuando dice aquello del “rey del mundo” encaramados al torrotito de proa. Muy bonito todo, muy meloso, pero irreal como cuento chino: en cualquier barco, sea de la época que sea, desde la Edad Media, la zona de proa está vedada al pasaje. Es el Castillo y contiene los medios de fondeo y amarre, además de los alojamientos de la tripulación hasta la década de 1970. Imagínese si cualquier pasajero por hacer la gracia, suelta el freno de un ancla por ejemplo; otro candidato a visitar la quilla por la parte de fuera.
«La aventura del Poseidón” (1972)

Entre las risas y fiesta nocturna durante la navegación preludio de Nochevieja, se acerca de no se sabe donde, una ola gigantesca que en la pantalla del radar apare como un eco monstruoso ¡con forma de ola! Cualquier pantalla de radar, hasta las más modernas de leds y estado sólido, presenta los ecos de las olas semejando líneas de diferente intensidad, pero sin crestas abultadas como muros. Ya tenemos la ola detectada por el radar, y en vez de hacer alguna maniobra par salvar la nave, la tripulación deja que el barco se quede atravesado a la mar, que es la peor condición que se puede encontrar en una situación de mal tiempo. Durante largo tiempo, se quedan mirando embobados sin saber que hacer. Un radar normalito puede captar ese tamaño de eco en la escala de 24 o de 48 millas (entre 44,45 y 88,9 Kilómetros). Por muy rápido que se desplace la onda, hay tiempo suficiente para cambiar de rumbo y poner proa hacia ella, cerrar todas las compuertas, portillos y puertas estancas, y poner al buque en la mayor situación de estanqueidad posible. Es posible que el buque pase por ojo la ola y se sumerja bajo ella, pero también es cierto que, con todo cerrado, habría probabilidad de que volviese a flote, por efecto del empuje que le da la flotabilidad. Todo vale, menos quedarse quieto y dejar que el barco zozobre quedando panza arriba. Con el barco quilla arriba, el grupo de personajes hace una excursión en busca de una salida, y pasan por las cocinas, donde ¡oh milagro! Las ollas no penden del techo, como debería ser, sino que pasan entre ellas sorteando grandes perolas y pequeña llamas de fuego… ¡que se encuentran en el suelo, que originalmente era el techo de la estancia! Los de decorado meten el calzo hasta los hombros. Con dos narices tan grandes como las orejas de Dumbo, resulta que dejan el mobiliario en el suelo que no lo era. Mobiliario como las ollas, que están sujetos en unos bastidores anclados al piso de la cubierta y no se pueden salir de su sitio. Una escena bastante dramática es la subida por el interior de la chimenea hasta una cubierta más cercana a la superficie (y más adentro del casco del navío) Al hueco de las chimeneas acceden por un conducto que es de ventilación, algo que no es normal en ninguna nave. Las chimeneas son estructuras que contienen varios elementos: conductos de escape de gases de las máquinas, calderetas de calefacción por temperatura, etc. Lo que no contienen es un conducto de ventilación que los una con el interior de un pasillo, pues no tiene sentido alguno. Ingeniería naval 2 – Decoradores de película: 0. Sabemos que es una película y que tras pasarlas canutas y perder más de la mitad de los personajes, debe acabar bien; así que nuestro grupo, cada vez más reducido tras la muerte del cura (Gene Hackman), se refugia en la popa de la nave, justo donde se encuentra la instalación de los servomotores en todos los barcos, que son los que mueven los timones. Y vuelta a liarla, porque desde fuera los sacan cortando el casco con un soplete en un plis plas. En la construcción naval, los dos extremos de una nave, tanto proa como popa, tienen las planchas de la quilla reforzadas con una gran cantidad de estructuras de refuerzo, verticales y longitudinales. Para cortarlas y abrir un paso se tardaría bastante más que toda la película. Y algo más preocupante: la mayoría de los buques aprovechan el espacio debajo del servo para colocar un espacio vacío o lo que llamamos un tanque seco, como medida de protección del gobierno de la nave y forma de aumentar la flotabilidad del navío. Ingeniería naval 3 – Decoradores y guionistas 0.
Y hasta aquí llegamos en este primer artículo dedicado al cine marítimo. Como decían en las carteleras de antes “Próximamente más”.






