Desescalando

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Al fin llegó este comienzo de bajada de las cumbres, incluso se anuncia el soltarnos a pasear y todo.
Opinión

Por César Requesens, Escritor y Periodista (crequesens@gmail.com)

Hubo un miedo al abismo. Un vértigo ante la inédita perspectiva de cuarenta días al menos viviendo en el retículo que nos corresponde de suelo. Pero fue pasando y nos hicimos el ánimo y el cuerpo a este calcular distancias entre la casa y el super; el estanco y el rellano mismo de la escalera redescubierto con sorpresa mientras oíamos nuestra propia respiración amplificada por la mascarilla. Y pudimos.

Fue una cuarentena entera de este hacerse a los sonidos cercanos, a las series consumidas una detrás de otra y a las películas en cascada inagotable hasta las tantas. Al ocio impuesto, aceptado y a la larga asumido. Y, sobre todo, a ese estar pendientes del hilo con el mundo que nos quedó milagrosamente abierto a través del móvil o el ordenador para mantener la ilusión de conexión a un mundo que parecía que se iba al garete entre noticias de muertos y de caídos por el virus, ese misterioso enemigo que ha superado por goleada a los baluartes de la realidad pasada, al científico y al político, rebasados con mucho por la bonhomía de los servidores públicos anónimos que han mantenido en pie un sistema y un Estado que se tambaleaba y crujía por todas sus costuras.

Al fin llegó este comienzo de bajada de las cumbres. Ya se anuncia el soltarnos a pasear y todo. Todo un sueño en perspectiva. Respirar el aire de repente más puro después de semanas de rebajar la presión de los humos. Será poco a poco, con todas las cautelas, pero será al fin poder vernos cara a cara y saludar a los amigos aunque sea de lejos. Los amigos, la familia, los vecinos. En casa hemos podido pensar en ellos y saber quiénes están y quiénes no y quienes ya no estarán.

Hay quien quiere adelantar el hacer balance. No ha lugar avisan los que tienen buen sentido. Primero se ganan las guerras y luego se analiza y se valora. Mezclar los tiempos es darle popa al enemigo.

Hemos aprendido todos de este susto impensable. Y ahí seguimos: mirando de reojo y calculando los metros si salimos con los niños. Pero se podía, y eso que no dependía solo de uno mismo.

Una nueva normalidad se anuncia, más amplia, distinta, tal vez hasta más consciente de lo mucho que cada uno aporta al conjunto. Esperemos que encaremos mejor, con todo lo mucho aprendido, este construir algo diferente y durable lejos de tanta improvisación y egoismo.

Fuente: Granada Hoy.

Redacción

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