Cumple mes

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on telegram
Share on email
Esta nueva rutina impuesta y necesaria, que a ratos nos cunde y otros nos desespera, ya la he adaptado perfectamente a mis días.

Por Mónica Domínguez.

Por muchas vueltas que le doy, no creo que exista la forma correcta de celebrarlo. Es más, ni siquiera pienso que “celebrar” sea la acepción adecuada. Y aunque todos con los mismos parámetros, es obvio que cada cual lo vivimos acorde a nuestras circunstancias (solos o en familia, familia ampliada o reducida), a nuestro espacio y entorno y, más que nada, a nuestro carácter.

En lo que a mi respecta, creo que es justo ahora cuando mejor acepto la situación. Ni cuando llevábamos una semana, o cumplimos la primera quincena; ni al saber que doblábamos la cuarentena inicial. Porque pese al confinamiento, seguimos viviendo. Los días siguen aquí para exprimirlos, disfrutarlos, malgastarlos e incluso, redescubrir cosas y a nosotros mismos.

Por ejemplo, mi pasión por el café ha ido a más. He confirmado que mi ingesta de tres tazas diarias no excede mi estimulación, pues ya la habría sobrepasado en esta vida pausada. Más bien al contrario, cada una de ellas puedo disfrutarla más. Igual que he comprobado la mala idea de infusionar bolsitas varias para degustar a media tarde, a riesgo de descubrir el auténtico sabor, en el más insufrible de su significado, de un desafortunado brebaje.

En los primeros días me lancé a ordenar (ya se me pasó) y comencé por los cajones del baño. Son varios los botes de crema que descubrí y comencé a usar, incluido en el que se podía leer “efecto reductor”. Llevaba unos días embadurnándome cuando pensé ¿y si está caducada y me da reacción? ¿voy a urgencias? En qué momento con algo tan banal me presento allí. A día de hoy, mi piel se presenta hiperhidratada e inusualmente exfoliada, preocupante pues no es lo normal, pero nada perjudicial. Eso si, un estado proporcionalmente opuesto al que presenta el incoherente color de mi cabello.

Por supuesto, la lista anual de libros leídos va a alcanzar la cifra más elevada desde que los computo, hace ya más de dos décadas. Y si hablamos de ejercicio, una titánica lucha diaria: por un lado, la necesidad de estar en movimiento y pasar tanto tiempo con la meditación como siempre he buscado, enfrentándose al intenso idilio que vivo con mi sofá, compartiendo el desfile de temporadas enteras de series, de revistas pendientes de revisar o viendo caer la tarde, sin prisas, a través del ventanal.

Esta nueva rutina impuesta y necesaria, que a ratos nos cunde y otros nos desespera, ya la he adaptado perfectamente a mis días. Y aún viviendo al momento, intento vislumbrar qué puede venir después, todo lo que quiero hacer después. Ese puede ser motivo para festejar, si, esta seguridad que siento de puertas para adentro. Lo que encontremos fuera el día que podamos franquearlas, lo que nos reserve ese “después” del que hablo, es lo que aleja esa confianza. Y la certeza de que no habrá precisamente motivos de celebración.

Redacción

Redacción

Deja un comentario

Comparte!

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on telegram
Share on email

Sobre nosotros

La revista El Oteador de los Nuevos Tiempos se presenta ante sus lectores en plena reactivación de la vida cotidiana después de nada menos que dos meses ‘confinados’ en nuestros hogares ante una amenaza tan imprevisible como difícil de combatir.

Artículos recientes

Síguenos

Artículos sugeridos

Hola!

Accede a tu cuenta